Soy Licenciada en Derecho, durante un año después de haber terminado mi carrera, trabaje litigando por cuenta propia en mi ciudad, principalmente asuntos civiles, pero si algo tenía claro desde que era estudiante era que no quería desarrollarme como profesionista realizando esto, yo sabía que mi profesión me permitiría desarrollarme en muchos lados.
El hecho de enseñar lo que sé, siempre me gustó, y mejor aun si podía hacerlo no ha una sola persona, sino a todo un grupo.
En los primeros días de Septiembre de 2006 y justo cuando no me lo esperaba ( ya que iba rumbo a Salamanca a cuidar a una de mis tías que se encontraba hospitalizada) recibí una llamada de mi ahora esposo Jesús Eduardo Belmán Santillán, quien me dijo que había la oportunidad de dar la materia de Derechos Humanos en el Conalep plantel Celaya, que si aceptaba tenía que ir a la voz de ya por que la clase iniciaba a las 12:00 a.m, y los alumnos ya llevaban varias sesiones sin un maestro, así que tenía únicamente unos 45 minutos aproximadamente para llegar. Sin pensarlo dos veces me bajé del camión en el que iba, esperé uno que fuera de regreso a Juventino Rosas, me arreglé rápidamente y me fui a Celaya, una vez en la escuela me entrevistaron y se me hizo saber de lo difícil de esta profesión, pero estaba decidida, y acepté. Sin más herramientas, ya que en esos momentos se me daba a conocer el programa de estudios, me presentaron al grupo. La primera sesión fue difícil pues tenía una clase de 2 hrs. y nada de material preparado. Pero con mis pocos conocimientos pude terminarla satisfactoriamente. A partir de esos momentos tome conciencia la falta de preparación pedagógica, ya que nunca es suficiente para un docente tener muchos conocimientos técnicos, se necesita la preparación para poder transmitir adecuadamente esos conocimientos si se quieren transmitir adecuadamente.
Ser profesora para mi es una bendición de Dios; por medio de esta profesión puedo transmitir mis conocimientos y ayudar a otros, sería muy grato para mi ser recordada como una persona que compartió lo que sabía y no como una persona egoísta se llevó lo poco o mucho que pudo conocer y aprender en la vida y en la escuela.
Ser profesora para me ha representado un gran reto, ya que se requiere una reparación constante; es una profesión que requiere de nosotros un tiempo extra, por que no es solo pararse frente al grupo e impartir la clase, hay que prepararla, revisar tareas, exámenes, escuchar al alumno que lo necesita (fuera del horario de clases),etc. Hay que dedicarle tiempo que bien podría compartir con mis familia; pero al final de todo se recibe una recompensa, y no refiero a una recompensa económica, por que como todos sabemos es un trabajo mal pagado económicamente, pero muy dignificante y gratificante.
El hecho de enseñar lo que sé, siempre me gustó, y mejor aun si podía hacerlo no ha una sola persona, sino a todo un grupo.
En los primeros días de Septiembre de 2006 y justo cuando no me lo esperaba ( ya que iba rumbo a Salamanca a cuidar a una de mis tías que se encontraba hospitalizada) recibí una llamada de mi ahora esposo Jesús Eduardo Belmán Santillán, quien me dijo que había la oportunidad de dar la materia de Derechos Humanos en el Conalep plantel Celaya, que si aceptaba tenía que ir a la voz de ya por que la clase iniciaba a las 12:00 a.m, y los alumnos ya llevaban varias sesiones sin un maestro, así que tenía únicamente unos 45 minutos aproximadamente para llegar. Sin pensarlo dos veces me bajé del camión en el que iba, esperé uno que fuera de regreso a Juventino Rosas, me arreglé rápidamente y me fui a Celaya, una vez en la escuela me entrevistaron y se me hizo saber de lo difícil de esta profesión, pero estaba decidida, y acepté. Sin más herramientas, ya que en esos momentos se me daba a conocer el programa de estudios, me presentaron al grupo. La primera sesión fue difícil pues tenía una clase de 2 hrs. y nada de material preparado. Pero con mis pocos conocimientos pude terminarla satisfactoriamente. A partir de esos momentos tome conciencia la falta de preparación pedagógica, ya que nunca es suficiente para un docente tener muchos conocimientos técnicos, se necesita la preparación para poder transmitir adecuadamente esos conocimientos si se quieren transmitir adecuadamente.
Ser profesora para mi es una bendición de Dios; por medio de esta profesión puedo transmitir mis conocimientos y ayudar a otros, sería muy grato para mi ser recordada como una persona que compartió lo que sabía y no como una persona egoísta se llevó lo poco o mucho que pudo conocer y aprender en la vida y en la escuela.
Ser profesora para me ha representado un gran reto, ya que se requiere una reparación constante; es una profesión que requiere de nosotros un tiempo extra, por que no es solo pararse frente al grupo e impartir la clase, hay que prepararla, revisar tareas, exámenes, escuchar al alumno que lo necesita (fuera del horario de clases),etc. Hay que dedicarle tiempo que bien podría compartir con mis familia; pero al final de todo se recibe una recompensa, y no refiero a una recompensa económica, por que como todos sabemos es un trabajo mal pagado económicamente, pero muy dignificante y gratificante.
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